Escrito por Tendenzias

Memorias de una pulga

Le dicen “la pulga”. Habilidoso jugador, a veces genial y mediáticamente omnipresente. Nos referimos al extraordinario jugador del Barcelona y la selección argentina, Lionel Messi. Y es que es un jugador de leyenda. Messi, la pulga, era ta pequeño que su pequeñez comprometía su futuro futbolístico. Pero Barcelona pagó lo que en Argentina no quiso pagar ni siquiera River Plate y Lionel fue transportado a Europa; a otro mundo totalmente diferente al de su barrio en Rosario donde estaba rodeado de amigos y potreros.
En España, la pulga saltó mas de lo acostumbrado; picó más, se elevó hasta llegar a la estratósfera del éxito, allí donde otras figuras juegan el balompié como los Dioses. Y Messi directa o indirectamente se convirtió en una estrella. Se consagró como un astro latinoamericano y cuya identidad ya pertenece al mundo globalizado. Claro, Messi era una figura antes de ser titular en Barcelona y ya era el salvador potencial del empobrecido fútbol argentino antes de debutar en la selección mayor. Los argentinos no lo habían visto jugar como juega hoy,pero ya lo consideraron el sucesor de Maradona.
Su estatura fue agrandada por los videos que solo reproducen las mejores jugadas de un partido, aun antes que los propios hinchas del Barcelona pudieran verificarlas en el campo de juego. Antes de ser un jugador de futbol ya tenía estatura de jugador mediático y un poder que alimenta la consagración. Porque con Lionel Messi, el futbolista mediático publicitario alcanza un modelo aún más perfecto que el logrado por David Beckham.
Y es que mientras Beckham vende imagen, Messi vende algo mucho más poderoso : la ilusión de lo que vendrá. En este sentido, Messi y el marketing parecen ser las dos caras de la misma moneda. Ambos prometen una felicidad futura, un porvenir y allí radica su encanto.
Lamentablemente, en Lima en el partido que jugó contra Perú para las eliminatorias para el Mundial del 2010, la pulga no saltó lo necesario para picar fuerte. Apenas fue una sombra donde apareció su egoísmo, su desinterés por el juego de grupo y la apatía que han condensado su actitud futbolística durante la eliminatoria. Pero eso no le preocupa. Al otro día del partido, la máquina publicitaria de su imagen en carteles, sodas, máquinas de afeitar y ropa interior, hicieron vibrar emociones en las calles porteñas de Buenos Aires, Madrid, Milán o Hong Kong con solo su imagen de ídolo. Es una pulga ya globalizada.